El día después
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El día después

12 de marzo de 2004

15:10h. Salgo de trabajar.El día sigue tan gris como al comienzo de la mañana.El atasco de coches es mayor que cualquier otro viernes, a esta misma hora, con tanta o más lluvia que hoy. Voy escuchando música clásica en la radio, música que refleja el sentimiento que todos llevamos en el corazón. Observo a los ocupantes de los demás coches, rostros tristes, pero relajados, rostros que parecen sintonizar con "la pasión según S. Mateo" de Juan Sebastián Bach que fluye lentamente por altavoces del mi coche. A la mínima señal del vehículo para cambiar de vía, el otro reduce la velocidad para facilitar la maniobra. Todos hacemos lo mismo. No hay sonidos de claxon; todos, lentamente, parecemos ensayar la virtud de paciencia. Los miles de vehículos que llenan la M-30parecen un cortejo fúnefre. Se han unido cantidad de coches que están entrando en Madrid, para sumarse al quejido colectivo. A las 19:00h está convocada la manifestación contra el terrorismo y por la paz. La manifestación parece haber comenzado ya. Sigue el silencio, continúan los rostros manifestando tristeza, continúan los corazones latiendo al ritmo lento de la velocidad de los vehículos, al ritmo de la vida tocada de muerte. Es el ritmo lento de la vida hoy y aquí. Hoy la vida parece relantizada, ayer la vida se paraba, la muerte avanzaba. Los espíritus se resistían y movilizaban los corazones samaritanos aún a riesgo de la vida propia. Los samaritanos consiguieron acelerar el ritmo de sus vidas y consiguieron reanudar la marcha de no pocos corazones crucificados y agonizantes. Pero las paradas intermitentes en la vía del terror dejaron a 182 víctimas en la cuneta para siempre y más de cincuenta al filo de la existencia. Un joven del barrio del Pozo del Tío Raimundo bajaba al infierno a rescatar a las víctimas. En uno de esos intentos, cayó él mismo como víctima al ritmo maldito de la explosión de otro artefacto. El joven samaritano está hospitalizado. "No hay nada tan grande como entregar la vida por los hermanos". No hay nada tan hermoso como transparentar, aún sin ser consciente de ello, el rostro de Jesús de Nazaret, el Buen Samaritano, el Crucificado...Resucitado. A las 16:15 llego a mi destino. El cortejo sigue por la vía de la M-30. El ritmo continúa cansino, pero sigue... Sigue el ritmo de la vida. Siguen los samaritanos sosteniendo, como compañeros de caminos, a las víctimas del terror. Son estos, los samaritanos quienes, sin parar, sin descansar, sin a penas fuerzas, animan los hálitos de vida. Ellos, junto con las víctimas causadas por los Caínes de hoy, son los que realmente van por mejor camino para llegar al verdadero destino; son a las víctimas inocentes, a los que se le parado criminalmente el ritmo vital, a los que seguro que el Padre los ha acogido con los brazos abiertos, en el abrazo que dio a su Hijo en la Cruz colocándolo a su derecha.
Actualización lunes, 15 marzo 2004 a las 17:34:30
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