.-EL SENTIDO DE "LA GRACIA" EN MEDIO DE LA INCREENCIA Y LA POBREZA.
No
quisiera convertir en tópico una expresión que en mi vida la he
ido descubriendo como una "novedad graciosa". Esta
expresión es: "Los pobres me han evangelizado". Y
también: “Los pobres me dan fuerza para permanecer anunciando el
Evangelio en un pueblo vertebrado por la increencia", la pobreza y
precariedad. Y es en medio de este pueblo donde he ido y voy haciendo la
experiencia de que la Eucaristía es ese toque gracioso que nos hace
Cristo, convirtiendo en gracia, y que nos convierte en regalo para
todo el pueblo al que somos enviados. Los pobres y la Eucaristía van
siendo para mí el Centro, Origen y Meta del ministerio sacerdotal.
Tal vez tendría que expresarme mejor diciendo que la Eucaristía,
vivida en el corazón del pueblo pobre y marcado por la increencia y
por la precariedad, y celebrada con los más pobres de la pobre comunidad,
se va convirtiendo para mí en escuela de conversión y en taller
misionero.
Durante
los primeros años de mi estancia aquí, celebraba la
Eucarístía una vez en semana. Ya desde el comienzo me
empecé a sentir un tanto incómodo porque, según
nuestros criterios, no lográbamos una participación tal y
como a nosotros nos parecía necesaria. Hablamos de la posibilidad
de suprimir la Eucaristía entre semana, cosa que no llegamos a
decidir por respeto a las viejecitas. Pero sin embargo mis
reacciones, más o menos, fueron las siguientes a lo largo de una
temporada: "Con lo que hay que hacer en el barrio y estar aquí
celebrando la Eucaristía con cuatro viejas..". "He
tenido que salirme de una reunión de Consiliarios de JOC para venir aquí corriendo a
celebrar la Eucaristía con estas cuatro mujeres...".
"Menudo adviento que estamos viviendo en Vallecas.! Con tanta fama que
tenía de una Iglesia bien maja....!". "Pero si es que
tocas la flauta y parecen quedarse inmóviles, sin bailar..".
"¿No será una pérdida de tiempo?". Aunque
enseguida reaccionaba: "Bueno, la Eucaristía en sí
misma....". Y volvía a las mismas: "Hoy hay
reunión en la asociación cultural, yo tendré que llegar
tarde por la Eucaristía de
estas mujeres...".
-Hechos:
Intentaba
no exteriorizar estas reacciones, lógicamente, ni lo más
mínimo; antes, al contrario, me esforzaba por celebrar la
Eucaristía lo mejor posible, comentar la Palabra de Dios, introducir
algo de la vida del barrio en la celebración.... Pues bien,
aquí empecé a hacer la experiencia siguiente:
La Sra. Antonia o la viuda del Evangelio.
*
Un día, a partir de la Palabra de Dios, hago una sencilla
mención a cómo Jesús compartía, como signo del
amor del Padre-Dios a la familia de los hombres; y cómo educaba a los discípulos
en el compartir, en la solidaridad con los pobres y necesitados...
Terminamos la celebración y entra la Sra. Antonia, una de
las viejecitas. Apenas podía moverse con normalidad; el parkinson
le había cogiendo cada vez más. Con una expresión de gran
timidez y, sin a penas decir palabra, mete su mano en el bolso del abrigo y me
la tiende ofreciendo 2.000 pts.. Solo le pude escuchar: "Se que en el
barrio hay muchas necesidades, yo cobro una pensión muy baja
(después me enteré que cobra 15.000pts.) y no puedo compartir por
ahora nada más, pero...". Yo me quedé paralizado. Solo
pensé: "El diezmo de quien gana solamente 15.000 pts. vale
más que el diezmo de quien gana 200.000 pts.. "¡Jó, la
beata!, me ha dado la homilía a mí".
Os
confieso que cuando en la
celebración de la Eucaristía me fijaba en la Sra. Antonia,
en su rostro inexpresivo y con la mano moviéndosele a causa de
la enfermedad, entendía que su participación en la
Eucaristía era toda una participación que colaboraba a hacer
más histórica la Celebración y que había sido
tocada por la gracia y había sido convertida en gracia para
mí y para los más pobres del barrio.
*
Otro día, minutos antes de salir a la celebración, yo
preparaba un poquito la Palabra que iba a dirigirles a aquellas
mujeres-hermanas . Ahora, quien entraba por la puerta era Eugenia. Me
pidió perdón por si me interrumpía; le hice sentar y
le escuché: "Vive conmigo un nieto. Sus padres están
emigrados en Alemania. Mi nieto tiene veintiséis años.
Está enganchado a la droga. Le he tenido que echar de casa. Su
tío, un hijo mío, me ha obligado a ello. Los vecinos también
me han presionado. Les ha robado y saben quien es, y...no se qué hacer", me decía la
pobre mujer secándose una a una las lágrimas. Yo le
escuchaba con atención y fui descubriendo poco a poco ese corazón
de abuela, haciendo de madre, desgarrado y roto y sin encontrar consuelo...
Y Eugenia no hacía más que repetir: "¿Y si le
pasa algo?". Quedamos en que le hiciera llegar el mensaje -puesto que
se sabía por donde andaba- que si en algún momento decidía
salir de la droga, que lo comunicara para echarle una mano... En la
Eucaristía que celebramos a continuación sus ojos rojos y sus
lágrimas eran la mejor forma de participar; eran la mejor expresión
del amor del Padre Dios hacia nosotros sus hijos y hacia los hijos dispersos
por el mundo, fuera de la familia. El amor del Buen Padre hacia sus hijos expresado
en el amor del Hijo Mayor en la Cruz.
*
Pasados unos días tengo un encuentro con otra de las viejecitas
fijas en la Asamblea eucarística de los días laborables.
Esta mujer me empezó a sorprender desde el principio porque en plena
Eucaristía lanzaba unos suspiros que no pasaban desapercibidos
ni siquiera para los más sordos. Al principio me llamaron la atención.
Después me llegaron a molestar; más tarde, ya ni le hacía
caso. Un día me entero que esta mujer, en seis meses, ha perdido dos
hijos y que otro lo tiene en la cárcel y padece el sida. Parece que
está en estado terminal. Desde ese momento empecé a entender
sus suspiros en la Eucaristía . Eran la expresión del
corazón de una madre que contemplando a sus hijos en la cruz, reaccionaba
en la Celebración. Era la manera que tenía de hacer, y de
ayudarnos a hacer nuestras Eucaristías más históricas.
Era su manera de participar más activamente en la celebración.
Esa era la palabra que los pobres han aprendido para expresarse; no
sabía participar de otra manera; la vida le había
enseñado a participar en la celebración de la fe desde su
realidad más radical. En un encuentro que tuve con ella
me dijo:" Los vecinos me dicen que cómo después de lo que me
ha pasado y me pasa,
aún vengo a la Iglesia; que cómo puedo creer en Dios cuando me
manda todo esto. Y le vengo a preguntar si hago mal porque es verdad que yo no
lo entiendo, pero ¿verdad que Dios no es culpable?.. Yo vengo
a la Iglesia porque confío en Dios. El sabrá.... Además,
si me faltara Dios....."
Por
eso entenderéis ahora que cuando esta querida hermana en la
Eucaristía expulsaba esos suspiros, eran para mí la
mejor participación
que en esta pobre asamblea se puede dar. Y cuando veía a
esta mujer en la Celebración, era para mí reconocimiento
de un acto de fe profunda y de confianza en Dios. Esto me ha servido de
ayuda para presidir la Eucaristía.
B.-
Formulación de mi experiencia:
Permitidme,
aunque solo sea a nivel telegráfico, el expresar de qué
manera la Eucaristía, vivida con estos hermanos pobres, es
para mí llamada a la conversión, centro de mi vida
ministerial entre los pobres y dinamismo misionero en un barrio mordido por la
increencia y precarfiedad:
. He ido descubriendo, a partir
de estos hechos y otros en la misma línea, así como de situaciones
que marcan a los hermanos pobres con los que estoy, que los pobres
son un don del Padre para mí. Ellos me revelan las maravillas que
Dios hace en el corazón humano. Son hermanos que me ayudan
a convertir mi mirada ideologizada , entrando en una dimensión
más teologal. Ellos son los que me hacen vivir la Eucaristía en
el hoy de la existencia de mi barrio. Ellos son los que me ayudan a
hacer verdad y verificar que son ellos los hijos de Dios y los herederos
del Reino. Son los más pobres y débiles quienes más
me van cuestionando mi presidencia en la Asamblea. Son ellos lo que me van
ayudando a entrar en una comprensión de la Eucaristía
desde uno de los pilares donde ésta hunde sus raíces: en las
comidas históricas de Jesús con los pobres, pecadores
y desheredados. Son ellos lo que me invitan a vivir la
Eucaristía como Acción de Gracias, como sacrificio del
Señor, como memorial que se actualiza y como entrega amorosa.
Pero también me van haciendo verificar que JC. es un Dios para los pobres. A su nivel, estas hermanas mayores
me ha ido haciendo descubrir que Dios-es-para-ellos, para los
pobres. Que el Cristo crucificado , roto por amor a los pequeños,
hoy sigue siendo actualidad. Que en la Eucaristía ,
Jesús intercede por nosotros, y en especial por los pobres,
ante el Padre. Que en su pasión, muerte y resurrección
está asumiendo y cargando de sentido el paso de la esclavitud a la
tierra prometida que emprenden los más pequeños. Que en su
abrazo con el Padre, somos agraciados, son abrazados de manera
especial, los pequeños, convirtiéndolos, convirtiéndonos,
en hijos a todos. Que es en ese abrazo con el Padre donde Jesús es remitido
a Antonia, a Eugenia, a Juanita, a
y a todos los suyos.
. He ido descubriendo
también que estas viejecitas son representativas de lo que es mi
barrio, mi gente. Ellas son la expresión creyente de sus hijos y
nietos mordidos por la increencia, el pecado y la miseria. Son el signo creyente de tantos
adultos de nuestro barrio que "pasan" de la fe, pero que anhelan
encontrar un sentido profundo a sus vidas. Son las expresión de
muchos hijos del barrio, pobres, parados, incultos, agobiados, infravalorados,
que aún no conocen a JC. Ellas son la manifestación del dolor
de tantos jóvenes presos de la droga, de la manipulación;
presos del sinsentido, de la desigualdad de oportunidades respecto a
otros jóvenes de cara poder satisfacer sus aspiraciones
más humanas y propias de la dignidad de la persona.
Esas
viejecitas son la cara creyente del barrio en el que me encuentro con sus hijos
y nietos vejados, expoliados y sumidos en la increencia, en el
indiferentismo ... Por eso, en el
"podéis ir en paz" que les digo al final de la
Eucaristía quiero expresar el envío que el Señor nos
hace a toda la comunidad cristiana para ir a anunciar a esos hijos y
nietos la Buena Noticia del Reino . Ellas nos los traen a la
Eucaristía como pueden y saben. Y en ellas el Señor nos
envía a poner la mesa del Reino entre ellos, entre sus hijos y nietos.
En la Eucaristía hemos celebrado ya lo que el Señor
quiere realizar, está realizando, y nos invita a realizar a nosotros
en la calle día a día. Por eso os digo que la celebración
de la Eucaristía entre esas hermanas pobres y con estas hermanas
pobres, se convierte para mí en dinamismo misionero. El
"id en paz" que tengo que decir como presidente, enviando a la
comunidad a poner la mesa en los caminos de la historia de los hermanos,
se vuelve hacia mí, como integrante de la comunidad cristiana
y de la Iglesia, lanzándome a hacer el Evangelio entre
los pobres mordidos por la increencia y la precariedad.
Pero
he aprendido que ese envío he de vivirlo como esas viejecitas en las que
he visto encarnado el cariño entrañable del Padre: el
cariño y el amor de una abuela,
de una madre; con la paciencia y el respeto de una pobre mujer que se
siente débil y crucificada por el dolor que proviene del cariño
entrañable a los suyos. He de vivirlo con esa paciencia y esa
urgencia del amor de una madre a la que se le rompen las
entrañas al ver a sus hijos dispersos, destrozados y sin sentido. Soy
todos los días invitado a salir a las calles de mi barrio a expresar
el cariño del Padre por los pobres y pecadores; cariño
del que estas mujeres son la expresión palpable y más grande de la misericordia
del Padre manifestándose en la debilidad del crucificado.
Y
es que son estos, los más pobres, los que me hacen entender y vivir
la Eucaristía que presido, como la manifestación graciosa del amor de Dios que busca el
hacer comprender a los hijos ese corazón roto en la
expresión del Hijo hecho buen pan como alimento para la familia.
Son ellos lo que me ayudan a entrar en el dinamismo de la
Eucaristía hasta dejarme tocar por la gracia y darme cuenta
de que ya no me pertenezco, de que el Señor me convierte en gracia,
en regalo para los hermanos pobres. Después nos vendrá el buscar las formas, los
instrumentos, las metodologías, las estrategias... Pero todo
ello como expresión de una gracia y de la misma pedagogía
divina.