Entrevista con Ana Isabel del
Castillo, militante de JOC
Ana vive en una familia de cinco
miembros y es la mediana entre tres hermanos, un chico y dos chicas. Tiene 26
años y trabaja desde hace cuatro. El mundo obrero es su medio. Desde
pequeña ha conocido que es necesario trabajar para vivir y, a veces,
muchas más de las deseables, a duras penas.
En tan poco tiempo ya ha
conocido varios empleos y más de uno perteneciente a ese campo conocido
como “economía sumergida”.
“He estado contando coches
en una fábrica, contando personas en los autobuses para hacer una
estadística de usuarios, en una empresa de limpiezas y ahora estoy en
una casa de componentes electrónicos como engastadora de cables”.
Sin embargo, Ana está
bien preparada intelectual y profesionalmente.
“Estudié C.O.U.,
F.P.2 en la rama de Química y después hice un Módulo 3 en
animación socio-cultural. También me titulé como monitora
de tiempo libre en la Escuela de Formación de Cáritas”.
Conoció
la J.O.C. cuando tenía 20 años y ahora, junto con otros
compañeros, está integrada en una plataforma juvenil que se
reúne en la parroquia de Santa Beatriz, en la calle Alejandrina
Morán del barrio del Lucero.
“Lo que hacemos
allí, es reflexionar con los chicos del barrio sobre qué hacer con el tiempo libre,
más allá del consumo superfluo, de los porros, las litronas y las
discotecas. Poco a poco los chavales van tomando conciencia de que hay un montón
de cosas más creativas, más sanas para el cuerpo y el
espíritu y, sobre todo, más solidarias, más
participativas”.
Desde luego, un trabajo mucho
más satisfactorio que el que tiene que realizar todos los días,
no por el trabajo en sí, sino por el ambiente.
“Mi experiencia personal
del mundo del trabajo es francamente mala. Hay mucha explotación
empresarial y, lo que más me amarga, la falta de solidaridad entre los
propios compañeros. Cada uno va a lo suyo sin importarle los problemas
de los demás. Se pegan por hacer horas extras y se chivan unos de otros
para quedar bien”.
Ana se para un momento, como si
estuviese sintiendo mucho lo que va a decir después, y continúa:
“A veces me surge la rabia desde dentro y me dan ganas de decir lo que
pienso de ellos en voz alta, pero todo se termina quedando en un comentario
entre compañeros afines”.
Como seguidora de Cristo, Ana
también tiene experiencia en el mundo obrero.
“Es una tensión
continua entre la fe y el mundo, entre lo que te dicta tu corazón y la
realidad que ves. Muchas veces te encuentras con el Jesús del
compañerismo, de la solidaridad, del amor, y entonces te alegras; pero
el Jesús sufriente, el paciente, el que siempre devuelve bien por mal,
reconozco que es muy difícil de
asumir”.
Pero, a pesar de todo, Ana es alegre y mantiene intactas sus ilusiones. Entre sus proyectos de futuro están, el pagar el piso que recientemente le ha asignado la Empresa Municipal de la Vivienda, ayudar a su familia y conseguir un trabajo como animadora o monitora socio-cultural y de tiempo libre.