Cuentan las crónicas
Mirar la vida con los ojos de Dios compasivo
Cuentan las crónicas que un día estaban cenando el Padre, el Hijo y el Espíritu, y que al Padre se le veía preocupado. A penas había tomado bocado, cuando se levantó de la mesa con gesto preocupado; lentamente y como pensativo dirigió sus pasos a la ventana del cielo. Mientras, había cogido la servilleta por los dos extremos más separados, y con las manos, lentamente, iba enrollándola haciendo un tirabuzón. Se apoyó de espaldas a la ventana y terminó con la servilleta echa un nudo, después se volvió, se asomó por la ventana y se quedó contemplando la tierra como extasiado. Al poco tiempo se volvió hacia el Hijo y el Espíritu y les dijo: No sé que hacer
me preocupa esa humanidad que con tanto amor la hicimos
, esa tierra que con tanto cariño creamos y
¡qué desastre!. Se me rompen las entrañas al contemplar este espectáculo. La Luz que colocamos en el corazón de la humanidad la han convertido en tinieblas, y la libertad que pusimos en la tierra, la han encadenado
! Nos han abandonado a nosotros y ahora, mirad, se matan entre ellos; los más fuertes se han apropiado de la casa que hicimos para todos, a los más débiles los han mandado a la cuadra.. Los que recibieron más dones para compartirlos con el resto, se los han apropiado en exclusiva. La autoridad que recibieron para ponerla al servicio de todos, la utilizan para machacar y debilitar a los que tenían que servir en función de sus exclusivos intereses. Han puesto la casa patas arriba y han apagado el fuego que encendimos en su hogar. Los débiles y los que les han sido despojados, les tienen miedo. Y cuando estos recuerdan que son imagen nuestra e intentan hacérselo entender, los oprimen cada vez más. ¿Qué vamos a hacer? Hemos enviado a los profetas, pero
. No han reaccionado. ¡No sé! ¿A quién enviaré?
Entonces el Hijo y el Espíritu se cruzaron una mirada, se levantaron sin decir palabra, se acercaron al Padre y el Hijo le miró de frente, puso su mano sobre el hombro del Padre y le dijo: ¡Envíame a mí!. Aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad. Y el Espíritu dijo: Si lo envías a Él, me tendrás que enviar también a mí.
Al Padre se le iluminaron los ojos, se quedó de nuevo pensativo, les sonrió a los dos y dijo: Tú, Hijo, eres la Palabra, eres mi Sabiduría, eres la expresión de mi interioridad, tu eres, es verdad, quien mejor podrá expresar nuestra Luz, nuestra Vida
. Tu, al ser la Palabra, podrás expresar, gritar, anunciar mejor que nadie mi Proyecto. A ellos les hemos dado la posibilidad de comunicarse, de relacionarse y para eso le dimos la palabra
. Pero te he de dar un cuerpo como el suyo, un cuerpo en el que te encarnarás y así
., ¡claro! Así se unirá en ti lo divino, nuestro, con lo humano suyo! Así tu serás, sin dejar de ser Dios, un hombre como ellos. Y el Padre repetía una y mil veces: Eso es, la Palabra encarnada en su humanidad, encarnada en los pobres, encarnada en los crucificados
. Y mirando para el Hijo, le dijo: Pero te daré un cuerpo de pobre
Tu serás pobre, asumirás desde la pobreza esa humanidad, la asumirás desde el deterioro, desde la debilidad, desde la cruz
, desde nuestros hijos predilectos, desde los que más sufren las consecuencias del desastre en el que han convertido la humanidad y la tierra
Sólo nos falta una cosa. Y mirando para el Espíritu, le dijo: Tu irás delante, habitarás en una mujer sencilla y pobre, en un pueblo pobre y sencillo. Eso es, la liberación la enviaremos encarnada en los oprimidos, la libertad, en los esclavos, la salvación, en la cruz
y todo este regalo lo acogerán en el compromiso. Así ellos serán sujetos, como los creamos. Eso es, nuestra fuerza liberadora aparecerá en la debilidad y nuestro amor se expresará en la Cruz. Pero es importante que, aunque nosotros trabajemos, que suden ellos. Están llamados a ser protagonistas también. Por eso, ya desde el principio, haremos las cosas así, a lo pobre, desde los pobres, desde los débiles y crucificados: la madre de Dios pobre, el pueblo de Dios pobre.. Y volviéndose al Hijo, le dijo: Y tu nacerás de ella
No había terminado de hablar el Padre cuando ya el Espíritu descendía hacia la tierra en busca de esa mujer que resultó ser María. Y el Hijo, tomó la mochila cargada con lo mínimo para el viaje y aguardó cola en la historia de la humanidad hasta que le tocara entrar en dicha historia..
Y mientras tanto
Dios seguía actuando en la historia, preparando el momento apropiado para que entrara su Hijo en ella. Y llegado el momento, el Espíritu visitó a María de Nazaret y habitó en ella. Y el Verbo de Dios tomó carne humana, carne de pobre y esclavo, naciendo en un pesebre, entre los despojos del mundo.
Manolo Barco (ya publicado)